Casarse es un acto que compromete todos los aspectos de tu vida, desde tus hábitos hasta tu economía. A veces parece que la idea de un compromiso para toda la vida es un yunque a punto de caer sobre nuestras cabezas al conocer las estadísticas: tan sólo en el 2018, por cada 100 matrimonios hubieron 31 divorcios.

La generación de nuestros papás a los 30 años ya contaban con un trabajo estable, una casa, hijos y buenas Finanzas en pareja. Sin embargo, esto finalizó con la generación millennial. Los miembros de esta generación, nacidos entre 1981 y 2000, se están casando años más tarde o simplemente no quieren casarse.

Una de las principales razones por las que hay cada vez menos matrimonios, de acuerdo con el Washington Post, es la parte económica, porque casarse es caro. Y no solo la boda: la vida juntos es cara. Además, los trabajos y las prestaciones ya no son los mismos de años atrás.

Nuestros padres trabajaron duro para “hacer carrera” dentro de una empresa que les daba prestaciones mucho mayores a las de la ley. Muchos trabajaron toda (o casi toda) su vida en el mismo lugar, subiendo y creciendo. Actualmente el panorama ya es diferente. En el 2017, México se encontraba en el lugar 13 de 17 en el “Índice de Mejores Empleos de América Latina” del BID (Banco Interamericano de Desarrollo).

¿Por qué se casa la gente?

Parece que la respuesta obvia es “por amor” pero en realidad es una pregunta difícil de responder. Aunque a nuestros papás las palabras matrimonio y amor les sonaran a sinónimos, para las nuevas generaciones ya no es así. Todos tenemos ejemplos de parejas ejemplares y muy enamoradas que no están casadas o de parejas de terror con un matrimonio digno de final de película.

La parte religiosa es todavía un tema para hablar. México es un país donde el 82.7% de la población es católica. Para los católicos el matrimonio es un sacramento y (en algunas iglesias) uno de sus requisitos es el matrimonio civil. Por lo tanto, se entiende que una gran porción de la población decida casarse por el civil como requisito para tener el sacramento.

Además, todavía existe la idea de que lo ideal es estar en una relación de pareja, aunque esto no signifique casarse. En el 2016, el 85.7% de las mujeres a partir de 15 años estaban en una relación. En el caso de los hombres, el porcentaje es del 92.8%. Estos números podrían indicar qué, de cada 10 amigos, 8 o 9 tienen una pareja. Pueden parecer conceptos difíciles: por un lado, quiero tener una pareja, pero por otro, prefiero que no haya un compromiso de largo plazo.

¿Pero qué hay de las razones económicas? Hubo una época en la que el matrimonio era la forma legal más usada para transferencia y tenencia de un patrimonio. Un buen ejemplo está en “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen: las hermanas Bennet debían casarse, ya que al ser mujeres no podían heredar las propiedades de su padre y al morir este quedarían en la calle.

En otros países, como Estados Unidos, casarse tiene implicaciones y ventajas fiscales que en nuestro país no existen. Pero, aun así, estar casados puede significar algunos beneficios para hacer crecer y proteger nuestro patrimonio.

Derechos y obligaciones

Casarse conlleva una gran responsabilidad legal, es decir, adquirimos derechos y obligaciones para con el otro y con los hijos, si llegaran a haber. Antes de que te casaras “tu adulto responsable” era tu papá pero una vez que te casas, es tu cónyuge.

En el matrimonio y el concubinato se adquieren dos derechos que al mismo tiempo son obligaciones para la parte económica:

  • De alimentación: en el código civil se indica de la siguiente manera “Los cónyuges y los hijos, en materia de alimentos, tendrán derecho preferente sobre los ingresos y bienes de quien tenga a su cargo el sostenimiento económico de la familia y podrán demandar el aseguramiento de los bienes para hacer efectivos estos derechos.”
  • De sucesión de bienes: de acuerdo a los artículos 1624 y 1625 del Código Civil, si uno de los cónyuges fallece sin testamento, su pareja podrá solicitar una porción de sus bienes. Cuánto, dependerá de si el finado tenía padres vivos, descendientes o hermanos, pero si no tiene más familia el monto es del 100%.

Seguros

En seguros la figura del cónyuge es muy importante. Por ejemplo, en el seguro de gastos médicos mayores hay compañías que otorgan un descuento por asegurar a la familia, incluido el cónyuge.

En el seguro de casa también hay ventajas. En algunas aseguradoras la póliza de hogar incluye una cobertura de accidentes personales para todos los habitantes de la casa asegurada.

Para seguros de vida, el cónyuge y los hijos son los beneficiarios clásicos. Además, las indemnizaciones de seguro de vida son inembargables para ellos.

Asimismo el IMSS y el ISSSTE permiten asegurar al cónyuge, brindando seguridad social la cual es posible complementar con los seguros privados.

Créditos Hipotecarios

Otra ventaja son los créditos hipotecarios. Por ejemplo, en el Infonavit es posible tramitar un crédito hipotecario entre los dos cónyuges para tener acceso a una mejor propiedad: al titular le prestarán hasta el 100% y al cónyuge hasta el 75%. Otras instituciones como bancos y Sofomes también otorgan este tipo de créditos.

La ventaja de este tipo de crédito es que se puede comprar una mejor propiedad. La principal desventaja es que, en caso de divorcio, lo más probable es que ninguno de los dos tenga capacidad de pago para conservarla. Por eso para este caso lo que se recomienda es vender la propiedad y saldar la deuda. Si sobra dinero deberá repartirse entre los dos.

El tema fiscal

En México no hay una ventaja o algún beneficio fiscal por estar casados. Pero, en caso de que haya movimientos entre las cuentas de los cónyuges, el dinero no será tomado como un ingreso. Es decir, si el esposo deposita dinero en la cuenta de su cónyuge, ese dinero no se contabilizará como un ingreso y no pagará impuestos por él. Lo que sí es importante aclarar es que se deberá dar aviso al SAT sobre este tipo de movimientos para evitar aclaraciones futuras.

La verdadera prueba de amor

El régimen matrimonial determina cómo se va a administrar y proteger el patrimonio dentro del matrimonio. Aunque de estado a estado esta información puede cambiar ligeramente, los dos regímenes principales son:

Bienes mancomunados o sociedad conyugal

Lo bueno: en este régimen todo lo adquirido después del matrimonio civil es de ambos al 50%. Esto garantiza que, si un cónyuge se dedica a la crianza de los hijos y al hogar, y el otro a generar un ingreso, ninguno de los dos “acapare” los recursos económicos en caso de divorcio y deje al otro desprotegido.

Lo malo: las deudas también van al 50%. Es decir, que si tu cónyuge quiere solicitar un préstamo para crecer su negocio, tú también serás responsable del pago del 50% de esa deuda, aunque tú tengas un trabajo que nada tenga que ver con ese negocio ni seas quien toma las decisiones.

Excepciones: lo adquirido antes del matrimonio seguirá siendo propiedad de quien lo haya comprado, al igual que las herencias (sin importar en qué momento se hayan recibido).

El truco: puedes cambiar estas reglas o generar excepciones en las capitulaciones matrimoniales. En general, todos nos vamos por la fácil y firmamos las que vienen de cajón. Si hay algo que no te lata o quieras proteger, puedes hablarlo en el registro civil y pedir que se modifique.

Separación de bienes

Lo bueno: cada cosa con su cada cual, es decir, cada quién es dueño solo de lo que compre. Esto incluye las deudas, es decir, si yo adquiero una enorme deuda solo yo seré responsable de su pago y los bienes de mi esposo estarán seguros.

Lo malo: en caso de divorcio cada quién se irá con lo que haya podido comprar. Si alguno de los cónyuges se dedicó a la crianza y al hogar, es posible que no haya podido comprar nada en ese lapso y quede desprotegido, cuando en realidad aportó muchísimo al matrimonio y a la sociedad.

El truco: es que un cónyuge tenga las deudas y el otro las propiedades, para protegerlas. El problema es que en caso de divorcio habrá que ser muy honestos para llegar a un acuerdo que de verdad sea justo. Y eso, en medio de un divorcio lleno de emociones, puede ser todo un reto.

Marisa Ramos – Equipo Bancompara

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